La navegación y la travesía del Atlántico

Desde la antigüedad los navegantes experimentados utilizaron el relieve de las costas -cabos, golfos, playas y penínsulas- y la situación de los astros en el cielo para navegar a través de mares y océanos. Navegaban a vela, pero a partir de 1803 aparecieron los primeros barcos de vapor que lentamente sustituyeron los barcos de vela. La introducción de estos nuevos barcos redujo el tiempo para cruzar el Atlántico para que estas embarcaciones ya no dependían del viento y de las corrientes marítimas para poder navegar. Cuando los barcos iban a vela, se podía tardar entre uno y dos meses para atravesar el océano, pero los barcos de vapor redujeron el tiempo del viaje hasta los quince días.

Los materiales que utilizaban para construir los barcos también cambiaron. Hasta entonces los barcos se habían construido con madera, pero a partir del siglo XIX se empezaron a construir con hierro y acero. Catalunya fue una gran constructora de embarcaciones de madera, que se fabricaban o reparaban en los astilleros, situadas en los puertos o en las playas. Los artesanos encargados de hacer este trabajo se conocían como carpinteros de ribera.

En aquella época, cruzar el Atlántico era duro, arriesgado y peligroso. Pese a que el hierro y el acero hicieron los barcos más seguros y fiables, las tormentas y los huracanes que se formaban en el océano, que entonces no se podían prever, convertían la travesía en una aventura llena de riesgos. Los barcos transportaban mercancías para vender en América, la tripulación, los pasajeros y las provisiones para poder alimentarlos.