Hacia mediados del siglo XVIII, el ayuntamiento de Tossa aprobó la construcción de una nueva iglesia, ya que el antiguo templo parroquial había quedado pequeño para una localidad que se había extendido fuera de murallas. La construcción contaba con la participación de los aldeanos, pero quedó paralizada y fue necesaria la aportación de Vidal y Rey, el cual dio un préstamo sin intereses. Algunos comerciantes enriquecidos en América participaron también en la financiación de la fachada, del retablo de San Sebastián y de los peines interiores de la iglesia.

Pozo de la Villa, 6