Salvador Castelló y Sala, que había sido propietario de un ingenio de azúcar en Matanzas, adquirió un antiguo convento en Arenys para convertirlo en un delicioso palacete rodeado de jardines con un invernadero neoclásico donde se hizo llevar una muestra de plantas tropicales algunas de las cuales se conservan vivas.


La plana del Paraíso.