La fuerte entrada de capitales de ultramar y el impulso demográfico experimentado durante la segunda mitad del siglo XVIII permitieron la construcción del Ensanche de la pequeña villa de pescadores que entonces era Tossa, favorecida por el nivel económico alcanzado por comerciantes y marineros. El Ensanche se desarrolló en los terrenos del Mas Rabassa y del boticario Benet Esteve-Moré. El eje central se convirtió la calle de la Guardia hasta el cruce de la calle Nueva y la calle Pozo de la Villa.